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Estado Tlaxcala

CRÓNICAS DE YAUHQUEMEHCAN

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CRÓNICAS DE YAUHQUEMEHCAN
Agustín I de México, entre la incomprensión y el olvido (2/2 partes)
David Chamorro Zarco
Cronista Municipal
La serie de necesidades inmediatas de la nueva nación, luego de la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México el 27 de septiembre de 1821, eran muchas y, no obstante, no fue sencillo comenzar con la marcha política y administrativa del nuevo gobierno. Se formó, en efecto una Junta gubernativa provisional y se depositó en Agustín de Iturbide la Regencia, es decir, el ejercicio del poder ejecutivo, incluyendo su potestad de seguir al frente de la comandancia general del ejército. El Regente decidió tomar acciones para garantizarse el respaldo popular como la disminución de las cargas de impuestos, lo que significó reducir drásticamente los recursos recaudados por el gobierno para hacer frente a sus muchas necesidades.
Mientras tanto, la Junta determinó, luego de muchas y muy complicadas discusiones, la manera de integrar la Cámara de Diputados para el ejercicio del poder legislativo y fueron beneficiados en especial los Ayuntamientos, pues en ellos recayó la responsabilidad de elegir representantes.
Es de suma importancia resaltar que en el marco de estos acontecimientos y el proceso generalizado de independencia de los territorios españoles en América, la extensión que hoy corresponde a los países de Centroamérica, desde Guatemala hasta Costa Rica, decidieron —no sin algunos desacuerdos y desavenencias— unirse al imperio mexicano, por lo que en los primeros años de la década de 1820, lo que hoy es nuestro país abarcaba más de 4.8 millones de kilómetros cuadrados y se extendía desde la Alta California, Nuevo México y Texas hasta Costa Rica. Hay que decirlo con todas sus letras, esto desató envidias de algunos otros líderes independentistas del sur, en especial de Simón Bolívar quien proponía que todas las naciones hispánicas se unieran en una sola gran fraternidad, sí, pero al mando de él, de Simón Bolívar, con lo que Agustín de Iturbide se convirtió en uno de sus enemigos a vencer.
Debe entenderse que las cosas no se dieron de manera sencilla en los primeros momentos del México independiente. Se conformó un Congreso que se instaló formalmente el 24 de febrero de 1822, pero que, debido a la multitud de asuntos que atender, a las dificultades de las discusiones, a las posiciones asumidas por algunos, fue dilatando la determinación y la decisión sobre asuntos capitales. La Cámara tomó el control del presupuesto e Iturbide sintió que le quitaban muchas potestades para dar libre curso a la solución de diversas necesidades, en especial cuando se intentó reducir el número de elementos activos del ejército, al grado que Iturbide se enfrentó de forma ríspida a la Cámara recibiendo por trato el ser causado de traidor y escuchándose las primeras voces que demandaban su destitución del cargo. En el fondo del escenario estaba el rechazo de las Cortes españolas a los Tratados de Córdoba, con lo que se había declarado nulo de todo derecho el proceso de independencia, por lo que la corona española, a su decir, seguía ejerciendo la soberanía de la nación mexicana.
Bajo estas circunstancias y el distanciamiento y rispidez cada vez mayor entre Iturbide y el Congreso, hubo ya en mayo de 1822 reuniones francas que invitaban a la sublevación en contra de quien llamaban «el tirano». Es evidente que, si bien había opositores y detractores a Agustín de Iturbide, también había muchos seguidores y simpatizantes quienes, acaso azuzados por los acontecimientos, se lanzaron a las calles de la Cuidad de México a gritar vítores al quien ya llamaban Agustín I de México, haciendo tañer las campanas de las iglesias y detonando cargas de fusilería. Muy posiblemente, Iturbide, calculando su fuerza popular y respaldo, decidió apoyar esta jugada para tomar a un tiempo la ofensiva en la toma del poder definitivo y la defensa de su propia causa.
El 19 de mayo de 1822, Agustín de Iturbide hizo un público posicionamiento reconocimiento que, en efecto, tanto el pueblo como la tropa y en general la mayoría manifiesta de la población, habían tomado una decisión y que considerando que el pueblo era el origen y destino de todas las leyes, por lo que correspondía era esperar que los representantes populares actuaran y acataran lo que el pueblo había dispuesto. No sólo se trató de una cuestión retórica, histrionismo y acción justificativa. No hay que olvidar en este drama que España, como nación, había rechazado de tajo todo el proceso de independencia y se preparaba ya para un proceso de reconquista, que de hecho ya había tenido sus primeros caídos. Fue una sesión por demás acalorada y caótica. Se dijo, de parte del Diputado Valentín Gómez Farias que, derivado de la posición española, tanto el Plan de Iguala como los propios Tratados de Córdoba quedaban sin efecto, y en tal virtud, al no aceptar la Casa de Borbón la corona imperial que de buena gana se le ofrecía, no había ya obligación de conceder el mando a ningún dignatario español. A grito vil se debatió la propuesta de que Agustín de Iturbide fuera reconocido como emperador de México, siempre y cuando se sometiera a la obediencia de una Constitución y de un Congreso. Desde luego, no debe creerse que Iturbide se mantuvo indiferente o distante del momento. Como cualquier actor político de ayer y de hoy, tomó su partido y jugó sus cartas, ejercicio su poder y su presión, planificó y ejecutó acciones de presión y amenaza que materializaron sus simpatizantes, tanto gente simple de la comunidad como tropa y oficiales del ejército; reitero, exactamente igual que se ha hecho en el pasado, se hace en el presente y se hará en el futuro, pues no hay que perder de vista que finalmente el poder público y la política tienen por naturaleza la lucha por conquistar y preservar el poder. Agustín de Iturbide no hizo nada más de lo que cualquier otro en su lugar hubiera hecho, conservador o liberal, federalista o centralista, de derecha o de izquierda, comunista o capitalista… El resultado de la votación fue 67 a favor y 15 en contra, con lo que se concedió a Agustín de Iturbide la condición de Emperador de México.
De esta suerte, Agustín de Iturbide juró como Emperador de México en ese mismo mes de mayo de 1822. Es muy interesante leer el contenido de su juramento, pues, en primer lugar se compromete a no reconocer ni permitir el ejercicio de otra religión que la católica; en segundo sitio, que juró guardar y cumplir la Constitución, las leyes y los decretos que en ejercicio de su soberanía decretase el Congreso; en tercer sitio, muy importante, que se comprometía con no enajenar o desmembrar ninguna de las partes que integran el imperio; y por último, que juraba no pedir para sí, mas bienes o dinero que los que el Congreso le señalase, así como no atentar ni contra las propiedades de las personas ni contra la libertad política del imperio. Es decir, Agustín I de México estuvo sometido a un régimen de monarquía constitucional. La ceremonia de coronación se realizó en el interior de la Catedral de la Ciudad de México.
Desde el principio, el ejercicio del reinado de Agustín I se vio alejado y hasta enfrentado con el Congreso. De ningún modo se quiso someter a la disposición de aminorar el número de elementos activos del ejército, y, por supuesto, las voces de oposición comenzaron a multiplicarse, desde los que proponían para México un gobierno republicado, pasando por la partida de tropas españoles que todavía resistían, atrincherados en San Juan de Ulúa, hasta los borbonistas que se sintieron muy decepcionados de que no se cumpliera ni el Plan de iguala ni los Tratados de Córdoba. Hubo agentes infiltrados de Colombia que trataron de alentar movimientos de mayor resistencia al Emperador, y el monarca respondió expulsándolos del país y reduciendo a prisión a diversos Diputados del Congreso, al amparo de lo que mandataba la Constitución de Cádiz, cuyo texto se aplicaba, entretanto el legislativo expedía la propia.
Para el mes de noviembre de 1822, Agustín I decide disolver la Junta Constituyente que estaba trabajando la Carta Magna y en su lugar se establece otro cuerpo que expide un estatuto provisional para dar certeza y legalidad a la actuación del imperio, en tanto se tiene de manera formal una Carta Fundamental. Asimismo, no hay que perder de vista que el gobierno de Iturbide vive en medio de la carencia de recursos económicos suficientes, por lo que muchas de sus acciones no llegan a fructificar.
Por si esto fuera poco, los opositores crecían y en los primeros días de diciembre de 1822 Antonio López de Santana lanza una proclama que se conoce como «El Plan de Casa Mata», a través del que llama a la instauración de un gobierno republicano y, por extensión, al desconocimiento del Emperador Agustín I. Santana que otrora no tenía más que lisonjas y reconocimiento a Agustín de Iturbide, ahora veía la oportunidad para crecer a partir de convertirse en protagonista. Naturalmente, muchos adversarios del Emperador comenzaron a acercarse a Antonio López de Santana, entre ellos, los españoles que todavía defendían la fortaleza de San Juan de Ulúa y lograron un armisticio, en un acto que bien puede ser considerado de traición, pues naturalmente el hombre no era ni por asomo un partidario de la república, sino alguien que buscaba venganza ante el hecho de que le habían depuesto el mando, pero, como ya se ha dicho, la historia oficial, siempre basada en la ignorancia y la malversación de los hechos, suele olvidar cosas que no le parecen de importancia. A los pocos días, Guadalupe Victoria se declara aliado de Antonio López de Santana y se lanza el Plan de Veracruz que se propone preservar la independencia de la nación, regresar la plena soberanía el Congreso, deponer la envestidura imperial de Iturbide, nombrar un gobierno republicano y generar una Constitución propia.
Cuando no existe un gobierno sólido, bien pertrechado, las fuerzas oponentes, por disímbolas que parezcan, se van unificando en favor del objetivo de deponer a quien ejerce el poder. Poco a poco, los antiguos insurgentes —Nicolás Bravo, Vicente Guerrero, Guadalupe Victoria— se fueron alineando en este intento de deponer al Emperador, lo mismo que quienes aún tenían fe en el Plan de Iguala y los Tratados de Córdoba, sin dejar de mencionar a los miembros de la logia masónica escocesa que tantas intrigas fueron entretejiendo, pasando también por la fracción de españoles que resistían desde Veracruz. Todo este caldo hizo que nuevamente sobre México se ciñera la amenaza de una guerra que bien podía extenderse durante varios años, en una nación que venía ya de más de una década de enfrentamientos, que no había podido producir bienes a niveles anteriores a la gran crisis de 1780, cuyo gobierno no tenía la disposición suficiente de dinero para hacer frente a sus gastos inmediatos, en un panorama mundial en donde aún muchas naciones no se habían pronunciado abiertamente por el reconocimiento de la independencia y del gobierno en turno, y en un país en donde los inversionistas dudaban mucho en arriesgar su dinero en una nación que parecía un gigante herido, a punto de caer.
El Emperador Agustín I seguramente calculó las posibilidades de triunfo que tenía, las consecuencias sociales, políticas y económicas que acarrearía un nuevo enfrentamiento intestino y el cambiante ambiente de lealtades entre los agentes y actores políticos del momento y decidió abdicar de la corona, o sea, renunció a seguir ejerciendo como Emperador de México. En lo personal, me parece un acto de gran prudencia que no se ha valorado a Agustín de Iturbide, pues otro, completamente ciego de poder, se habría lanzado con odio sin límites a tratar de anular y hasta aniquilar a sus enemigos, con tal de preservar el poder; algún otro hubiera valorado en muy poco el sufrimiento tanto de la tropa como de la misma población y se habría lanzado a la lucha con el propósito egocéntrico de demostrar que nadie lo podía vencer; en fin, cualquier otro habría pensado en preservar a sangre y fuego su posición, pero Iturbide no actuó así.
Luego de haber abdicado, Agustín de Iturbide comprendió muy bien que ya no había lugar para él en México y se exilió en Europa, saliendo del puerto de Veracruz en los primeros días de mayo de 1823. Unas semanas antes, al enterarse de la decisión de Iturbide, las provincias centroamericanas decidieron separarse de México.
En Europa Agustín de Iturbide fue seguido por diversos agentes secretos de México, de Colombia y de algunas naciones del viejo mundo, pues lo consideraban un peligro evidente, y tenían la consigna de buscar el mejor momento para asesinarlo sin causar mayor revuelo. Naturalmente hubo en México diversas facciones que pidieron el regreso del emperador, y al mismo tiempo Iturbide se enteró de muy buenas fuentes que España intentaría, con gran fuerza y financiamiento, un proceso a gran escala de reconquista de México y trató de avisar al Congreso mexicano para que se tomaran las precauciones del caso. El legislativo, por su parte, en un acto por demás deliberado, decretó a Agustín de Iturbide como alto traidor a la patria y ordenó que, si volvía a pisar el suelo mexicano, sería reo de muerte y se le podría ejecutar sin previo juicio ni mayor trámite.
Quizá Iturbide sintió que su deber era regresar a México y ofrecerse como un soldado más de la patria para su defensa ante nuevos ataques extranjeros; quizá, animado por las desavenencias internas pensó que podría volver a ejercer gran liderazgo entre los soldados de México; a lo mejor sintió la desolación que tiene todo aquél que ha ejercido el poder, por pequeño que sea, de volver a ejercer el mando y ser objeto de la distinción de sus coterráneos. Como quiera que sea, desde Inglaterra Iturbide se embarcó para regresar a México y, no bien hubo puesto el pie en la tierra, se le reconoció y se cumplió con lo decretado con el Congres, por lo que fue fusilado sin juicio, honores ni ceremonia, el 19 de julio de 1824, en la comunidad de Padilla, Estado de Tamaulipas. Su cuerpo fue enterrado en el mismo lugar y no fue sino hasta 14 años después que por disposición del Presidente Anastasio Bustamante, se le trasladó a una urna al lado del Altar Mayor en la Catedral de la Ciudad de México.
Agustín de Iturbide fue proscrito de la historia, sobre todo durante el siglo XX. No obstante, incluso el Himno Nacional, mismo que se aprobó bajo la Presidencia de Antonio López de Santana, que propició su declive, y estrenado el 16 de septiembre de 1854, dice en una de sus estrofas: «Si a la lid contra hueste enemiga, nos convoca la trompa guerrera, de Iturbide la sacra bandera, ¡mexicanos! valientes seguid. Y a los fieros bridones les sirvan las vencidas enseñas de alfombra; los laureles del triunfo den sombra a la frente del bravo adalid». Por supuesto sólo los historiadores, los curiosos o los literatos conocen este texto, pues el mexicano común de nuestros tiempos nunca ha escuchado, y me temo que nunca escuchará, entonar estos versos.
En síntesis, Agustín de Iturbide es el clásico ejemplo de cómo la historia es acomodaticia y convenenciera, de cómo la narrativa oficial se alinea para dejar a unos del lado de los héroes y a otros en la esquina de los villanos, de cómo, en tanto pueblo mexicano, somos una nación de muy corta memoria histórica y nuestros recuerdos son muy cortoplacistas y manipulables. Desde luego, esto no fue redactado como un panegírico para decir Agustín de Iturbide fue el gran héroe de la patria o el más importante ser que hayamos tenido en la historia nacional. Desde luego que no. Estas líneas fueron para reflexionar y justipreciar a un agente más de nuestro pasado, con sus claroscuros, con sus errores y sus aciertos, con su momentos buenos y malos. Nadie puede juzgar a un personaje histórico para colocarlo como bueno o malo, como héroe o villano, como prócer o como traidor. Agustín de Iturbide merece ser recordado como un hombre, hijo de su tiempo, sujeto de sus valores y pasiones, pero nada más, sin estigmas ni etiquetas. Finalmente fue quien logró los acuerdos necesarios para poner fin a la guerra por la independencia nacional, quien dio los primeros pasos, acaso trastabillantes e inseguros, de una nueva nación y cuyo recuerdo vemos todos los días en nuestra bandera nacional, con esos tres colores que siguen siendo las tres garantías con las que se quiso unir a una nación: independencia, religión y unión.
¡Caminemos Juntos!
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CON LUCES Y TRADICIÓN, TLAXCALA RECIBE EL MES PATRIO

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CON LUCES Y TRADICIÓN, TLAXCALA RECIBE EL MES PATRIO
* La gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros encabezó el protocolo que marcó el inicio de las celebraciones patrias, en una noche acompañada de música mexicana, luces y pirotecnia.

Con un ambiente festivo, familiar y lleno de orgullo por México, el Gobierno del Estado de Tlaxcala llevó a cabo el encendido de la iluminación alusiva a las Fiestas Patrias, con lo que las calles y espacios de la capital comenzaron a vestirse con los colores que distinguen al mes de septiembre.
El protocolo fue encabezado por la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros, quien estuvo acompañada por integrantes de su gabinete, autoridades municipales y legislativas, además de decenas de familias tlaxcaltecas que se dieron cita para ser testigos del inicio de las actividades conmemorativas por la Independencia de México.
La cuenta regresiva marcó el momento esperado. “¡Cinco, cuatro, tres, dos, uno, cero!”, se escuchó entre las familias reunidas, mientras las luces se encendieron y transformaron el entorno en un escenario iluminado con motivos patrios, arrancando los aplausos y expresiones de entusiasmo de niñas, niños, jóvenes y adultos.
La noche tuvo también un ingrediente que puso a cantar a más de uno: la música mexicana. Un mariachi acompañó la celebración e interpretó México lindo y querido, melodía que resonó entre los asistentes y reforzó el ambiente de identidad y orgullo nacional.
Después de la iluminación, la celebración continuó con la quema de pirotecnia, que iluminó el cielo y arrancó miradas, fotografías y aplausos entre las familias. El espectáculo convirtió por unos minutos la noche tlaxcalteca en una postal de septiembre, con luces en el cielo y los colores patrios como protagonistas.
Al término, la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros destacó que el inicio de las Fiestas Patrias representa también un momento para refrendar el compromiso con la soberanía nacional y acompañar los esfuerzos de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo.
“Estamos muy contentos de que hoy, pues prácticamente con la colocación de los bandos, damos inicio a este espacio, donde deseamos que todos los tlaxcaltecas se encuentren sumamente felices, contentos, que disfruten de las fiestas, que es un mes muy, muy especial”, expresó.
Señaló que este periodo tiene un significado especial para su administración, al encontrarse en el quinto año de gobierno y próximo a concluir un ciclo al frente del Poder Ejecutivo estatal, por lo que afirmó sentirse afortunada de haber podido servir a Tlaxcala y entregar resultados a las familias.
Así, entre luces, música mexicana, pirotecnia y familias reunidas, Tlaxcala dio la bienvenida a septiembre y a las celebraciones patrias, en una noche que combinó el protocolo oficial con el ambiente festivo propio de una de las fechas más representativas para las y los mexicanos.
Con el encendido de la iluminación, la capital tlaxcalteca comenzó a lucir los símbolos de una celebración que durante todo el mes recordará las gestas históricas que dieron paso a una nación libre y soberana.

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GOBERNADORA ENCABEZA FIJACIÓN DEL BANDO SOLEMNE DE FIESTAS PATRIAS.

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GOBERNADORA ENCABEZA FIJACIÓN DEL BANDO SOLEMNE DE FIESTAS PATRIAS.
* El secretario de Gobierno, Luis Antonio Ramírez Hernández, expresó el respaldo de Tlaxcala a la presidenta Claudia Sheinbaum en la defensa de la soberanía nacional y sostuvo que la relación de México con otras naciones debe regirse por el principio de “coordinación sí, subordinación nunca”.

La gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros encabezó la fijación del Bando Solemne de Fiestas Patrias, acto con el que Tlaxcala inició formalmente las conmemoraciones de septiembre y refrendó su compromiso con la soberanía nacional, la unidad del país y el fortalecimiento de sus instituciones.
En el patio central de Palacio de Gobierno, el titular de la Secretaría de Gobierno (SEGOB), Luis Antonio Ramírez Hernández, afirmó que Tlaxcala asume la responsabilidad de contribuir a un México más fuerte y unido mediante instituciones firmes, gobiernos responsables, la construcción de acuerdos y la defensa del interés colectivo.
Sostuvo que el Gobierno del Estado, encabezado por Lorena Cuéllar, mantendrá este compromiso hasta el último día de la administración, con instituciones que respondan al interés de la sociedad y una política orientada a la construcción de acuerdos.
“Nuestra tarea es contribuir desde Tlaxcala a un México más fuerte, construir acuerdos y procurar que las instituciones respondan al interés de la sociedad. Un Tlaxcala unido fortalece a México”, enfatizó.
En ese marco, Ramírez Hernández expresó el respaldo de la administración estatal a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en la defensa de la soberanía nacional, ante un escenario internacional en el que México, señaló, mantiene una política de diálogo, cooperación y construcción de acuerdos, sin renunciar a la defensa de su territorio, su independencia y las decisiones soberanas de su pueblo.
El titular de la SEGOB sostuvo que la relación de México con sus vecinos y con el resto del mundo debe mantenerse bajo una premisa fundamental: “coordinación sí, subordinación nunca”, y afirmó que la defensa de la soberanía constituye una causa nacional en la que Tlaxcala está presente.
En su mensaje, explicó que la colocación de los bandos solemnes representa más que el anuncio de un calendario de actividades, pues constituye una convocatoria pública para recordar el origen de la nación y renovar el compromiso con los principios de independencia y soberanía.
Ramírez Hernández indicó que la Independencia significó asumir la responsabilidad de construir una nación capaz de gobernarse a sí misma y sostuvo que, en el presente, defender la soberanía implica garantizar el derecho de las y los mexicanos a decidir su destino, proteger el territorio y la Constitución, así como fortalecer las instituciones democráticas.
Luis Antonio Ramírez Hernández recordó que Tlaxcala mantiene una historia estrechamente vinculada con la defensa de su autonomía y destacó que en 1856 alcanzó el reconocimiento formal como estado libre y soberano de la Federación, además de participar desde sus comunidades y pueblos en distintas etapas de la construcción nacional.
Asimismo, señaló que la conmemoración coincide con los cinco años del inicio de la administración de la gobernadora Lorena Cuéllar, periodo en el que, afirmó, se ha consolidado en la entidad el proyecto de la Cuarta Transformación mediante la coordinación entre poderes, municipios, instituciones y sociedad.
Ante desafíos contemporáneos como la delincuencia, la desigualdad, la desinformación, la polarización y los intereses económicos transnacionales, destacó la necesidad de contar con instituciones sólidas, gobiernos responsables y una sociedad cohesionada.
Precisó que la unidad nacional no significa pensar de la misma manera ni cancelar las diferencias propias de una democracia, sino reconocer principios compartidos por encima de ellas, entre los que mencionó la libertad, la democracia, la soberanía y la defensa de México.
Ramírez Hernández agregó que honrar las luchas históricas que hicieron posible la libertad implica ejercerla con responsabilidad, cumplir la ley y trabajar todos los días por la construcción de paz en las comunidades.
Como parte de la ceremonia, la gobernadora Lorena Cuéllar, acompañada por el secretario de Educación, José Alonso Trujillo Domínguez, realizó la colocación del Bando Solemne que establece el programa oficial de actividades cívicas de septiembre.
Posteriormente, la oficial mayor de Gobierno, Eréndira Berenice Garay Salas, dio lectura al Bando Solemne de Fiestas Patrias, que contempla entre sus actos centrales la ceremonia del Grito de Independencia, el desfile cívico conmemorativo por el 216 aniversario del inicio de la lucha independentista y la entrega del Fuego Simbólico de la Independencia a los ayuntamientos.
El programa incluye además el encendido de la iluminación alusiva a las fiestas patrias; las ceremonias de izamiento y arreamiento de bandera del 1 al 30 de septiembre con participación de los municipios; así como los actos conmemorativos por la Consumación de la Independencia y el natalicio de José María Morelos y Pavón.
Al acto asistieron el general de brigada de Estado Mayor José Mario Vega Hernández, comandante de la 23 Zona Militar; Fanny Margarita Amador Montes, presidenta del Tribunal Superior de Justicia del Estado; Emilio de la Peña Aponte, presidente de la Mesa Directiva del Congreso del Estado; y Carlos López Suárez, presidente municipal de Tlaxcala, además de diputadas y diputados, magistradas y magistrados, así como funcionarias y funcionarios de los distintos órdenes de gobierno.

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TLAXCALA INICIA EL CICLO ESCOLAR 2026-2027 CON MÁS OPORTUNIDADES EDUCATIVAS.

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TLAXCALA INICIA EL CICLO ESCOLAR 2026-2027 CON MÁS OPORTUNIDADES EDUCATIVAS.
* La gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros inauguró oficialmente el nuevo periodo escolar y encabezó la entrega de la techumbre de la Secundaria Técnica No. 36

Con un llamado a niñas, niños y jóvenes a construir sus sueños y aprovechar las oportunidades que brinda la educación, la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros encabezó la inauguración del ciclo escolar 2026-2027 en la Escuela Secundaria Técnica No. 36 “Ingeniero Guillermo González Camarena”, donde afirmó que la formación académica permite a las nuevas generaciones definir y alcanzar sus propios proyectos de vida.
Expresó su deseo de que el nuevo ciclo represente una etapa de crecimiento y aprendizaje para la comunidad estudiantil, al recordar que desde las aulas se construyen los sueños y proyectos de vida, “yo deseo que ustedes vayan formando cada día en su corazón esos sueños para ser grandes y lograr sus sueños».
Cuéllar Cisneros recordó su experiencia como docente de niñas y niños con discapacidad visual y auditiva, y subrayó que cada estudiante tiene la capacidad de elegir su propio camino, alcanzar sus metas mediante el esfuerzo y la perseverancia. “Cada uno en nuestra vida va eligiendo su destino, lo que uno quiere hacer cuando uno sea grande”, señaló.
Durante el acto protocolario, también cortó el listón inaugural por la entrega de la techumbre del plantel, obra que brindará mejores condiciones para el desarrollo de las actividades académicas, deportivas y de convivencia de la comunidad escolar.
En su intervención, el secretario de Educación Pública del Estados, José Alonso Trujillo Domínguez, destacó el papel fundamental que desempeñan las familias en la formación de las niñas, niños y adolescentes, al señalar que el regreso a clases comienza desde los hogares, donde madres, padres y tutores preparan todo lo necesario para que sus hijas e hijos inicien una nueva etapa.
Recordó que este lunes regresaron a las aulas 257 mil 639 alumnas y alumnos, atendidos por 15 mil 46 docentes en 2 mil 250 escuelas de educación básica en la entidad, y llamó a fortalecer la corresponsabilidad entre sociedad, gobierno, escuelas y familias.
Trujillo Domínguez refirió que “las y los tlaxcaltecas somos una gran familia y por eso convoco a la comunidad a cuidarse mutuamente durante este nuevo periodo escolar, junto con la gobernadora escribamos juntos una nueva historia de éxito y superación como la gran familia tlaxcalteca que somos”.
La directora de la institución, Ivonne Pérez Castillo, agradeció a la gobernadora la gestión que hizo posible la techumbre y resaltó que el inicio del ciclo escolar 2026-2027 representa una oportunidad para refrendar el compromiso con una educación humanista, inclusiva, equitativa e intercultural.
Como parte de la ceremonia, autoridades estatales realizaron la entrega simbólica de útiles escolares y libros de texto gratuitos a Lucero Rodríguez Herrera y Farid Samuel Mendieta Bautista, del jardín de niños “Ocotlán”; Aarón Máximo Rojas Pérez y Ximena José Hernández, de la primaria “Benito Juárez”; Geraldine Cruz Sánchez y Ángel Gabriel Hernández Torres, de la telesecundaria “Desiderio Hernández Xochitiotzin”; Axel Daniel Rodríguez Alameda y Adriana Bonilla Huerta, de la Secundaria Técnica No. 36 “Guillermo González Camarena”, así como a Dulce Evelyn Durán Molina y Gabriel Said Becerra Gutiérrez, de la Escuela Secundaria “Higinio Paredes Ramos”.

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